Si los agricultores de América Latina me pidiesen sugerencias para resolver sus crónicos problemas les diría algo muy diferente de lo que ellos están acostumbrados a oír. En primer lugar les recomendaría que no sigan esperando que los problemas del agro serán solucionados por sus gobiernos a través de créditos abundantes y baratos, subsidios, reducción de impuestos y peajes, mejor cotización del dólar y garantías oficiales de comercialización de sus cosechas; y les insinuaría que si el crédito rural fuese tan eficaz no tendríamos tantos agricultores