La explotación intensiva de las áreas de uso agrícola, con el uso de sistemas de abonado y tratamientos químicos sistemáticos y la amplia utilización de la mecanización agrícola ha venido provocando cambios sustanciales en el ambiente edáfico. El resultado de estas alteraciones ecológicas es la degradación de los suelos y la paulatina pérdida de su fertilidad y en ocasiones acompañadas de la contaminación del medio ambiente.